Consideraciones de Tauromaquia Ecuestre:
Un acercamiento al Rejoneo


Hablar de tauromaquia ecuestre es hablar de rejoneo, sinónimo de pasiones desbordadas, donde el caballo y el toro se reencuentran fundidos en el teatro maravilloso de un redondel. Escenas de heroísmo, de ritmos y cadencias magistrales, cuando el dominar la acomedida del burel se hace exigencia, donde no cabe improvisaciones, donde el aire se llena de aromas proverbiales.

La historia del rejoneo ha sido ampliamente señalada, sabemos de sus raíces peninsulares (Portugal, España), entendemos el origen bélico de este encuentro; el objeto del presente articulo, es hacer observaciones personales sobre aspectos poco divulgados del rejoneo.

De sus orígenes, podemos señalar que las lides taurinas se han efectuado desde sus inicios siguiendo las reglas de los combates caballerescos, donde la nobleza en el combate y la temeridad dictaban las normas básicas: “ no temer a la muerte”, “no dar la espalda al enemigo”, “pelear frente a frente”.

Durante la evolución de este arte, y siguiendo la norma del combate frente a frente, los lidiadores encontraron que los toros, además de su bravura, tienen otras aptitudes, entre ellas, el llamado “sentido”, que es la facultad que tienen los toros de descubrir el engaño durante la lidia, por lo que haciendo caso omiso del el, modifican sus embestidas y acometen directamente al lidiador, cortándole el viaje al caballo, poniéndose “por delante”, literalmente cazándolo, lo que se imposibilita la lidia de poder a poder, siendo necesario recurrir al toreo a la media vuelta o al auxilio de los subalternos. Esto siempre demerita la calidad del rejoneo, por lo que es siempre indispensable la buena materia prima para ejecutar ese arte escénico singular.

Dentro de las diferencias iniciales de la escuela portuguesa y española, hago notar que la influencia del rejoneo portugués, mas refinado en su ejecución, y basado en el academismo, permite conducir a los caballos con gran maestría, lo que da por resultado que los jinetes puedan templar los aires de sus cabalgaduras, y por ende, dar “temple” a su toreo, y el temple, palabra mágica en tauromaquia, es la sublimación del toreo.
El rejoneo español, con su vigor, movilidad, enjundia y espectacularidad, ha enriquecido al rejoneo portugués, quien recogiendo de el su alegría, ha resultado en un toreo más espectacular, donde se torea de frente y se plantean las suertes buscando siempre cuidar el ritmo, la cadencia y la lentitud; siendo el toreo lento el que nos deja las mayores satisfacciones y el que transite mas a los espectadores por la profundidad de la escena.

Al hablar de profundidad, es necesario hacer notar, que no todas las ejecuciones realizadas por un rejoneador dentro del ruedo tienen la misma valía, por lo que tendremos que hacer las siguientes observaciones, todas ellas suponiendo la adecuada doma de la cabalgadura, el control emocional que tenga el caballero, y la disponibilidad de un toro bravo.

En cuanto a la ejecución de las suertes fundamentales, podemos hablar del “toreo de frente”, donde rejoneador y toro están cara a cara, manteniendo la posición durante la acometida, estableciéndose un equilibrio de fuerzas, donde el caballero solo logra salir victorioso mediante su inteligencia, arrojo y grado de doma que tengan sus cabalgaduras. Durante la realización de la suerte de frente, es preciso aguantar la embestida, llevando al toro muy toreado y saliendo del trance mediante la ejecución de la batida (cargar la suerte), buscando siempre clavar al estribo y salir de la suerte “toreando”, rematando la misma con cadencia y equilibrio, sin perder el ritmo, buscando siempre templar para lograr darle dimensión artística a la ejecución. Aquí es donde toda la doma y gimnasia dada al caballo pasaran su examen final, haciendo notar la gran diferencia entre unos y otros rejoneadores.

Obviamente, para poder realizar este toreo artístico, es indispensable observar las cualidades del toro, donde su clara embestida es fundamental para el rejoneo, ya que con un toro resabiado y que se cruza, es casi imposible dimensionar el rejoneo a su máxima expresión. Con toros con sentido, es necesario indicar la validez de las suertes realizadas a la media vuelta, ya que solo con este recurso es posible lidiar a los toros que te cazan, por lo que deberemos acometer al toro por su costado, ganándole la cara y mostrándole al caballo claramente la salida, logrando con esto que el caballo no pierda tanta confianza ante animales tan poco propicios.

Así mismo, es preciso señalar que ante toros con calidad, nobleza y bravura, es totalmente inadmisible el toreo de recursos, las medias vueltas, el clavar a sillas pasadas, las ejecuciones al relance (sin citar, al no parar a los caballos, al no dejarse ver), el toreo sorprendiendo, el correr y dar caballazos y el uso abusivo de los subalternos.

Para poder tener un criterio normativo a la hora de juzgar una faena de rejoneo, es necesario señalar que como en el toreo a pie, debe de calificarse por la pureza de las ejecuciones, su ligazón, su exposición, la estructura de la faena, y el temple que se le dé a la misma.

Otra observación que debemos anotar, es el uso de los rejoneos de castigo, cuyo objetivo es el atemperar la embestida de los toros, el descongestionarlos, a grado tal que los prepare para el tercio de banderillas, buscando clavar los justos necesarios (máximo tres), para buscar en el toro la cadencia adecuada a nuestras cabalgaduras, ya que un castigo insuficiente, generalmente los deja “crudos”, es decir, con una embestida irregular, donde los ritmos y cadencias no encuentran lugar, lo que resienten los caballos inmediatamente, haciéndoles mas difícil el toreo templado. Si se castiga en demasía, lo que generalmente sucede es que el toro tiende a pararse, y obviamente modifica la calidad de sus embestidas, tratando desde luego de defenderse, esperando mucho al caballo y embistiendo solo cuando lo siente seguro, muchas veces cruzándose y tapando la salido, lo que nos demerita enormemente la calidad de la faena y sobre todo la ejecución de la suerte de matar.
Al respecto de la muerte desde el caballo, es preciso señalar el sitio para matar a los toros. En el toreo a pie, la forma de ejecutar la suerte y el modo en que hiere la espada nos dicta la norma de tirarse en “todo lo alto”, en el llamado “hoyo de las agujas”. Dada la geometría de los planos en que se realiza esta suerte, la espada hace daño en los órganos claves para acabar rápidamente con la vida del toro, no sucediendo así con el rejón de muerte, ya que este entra perpendicular en el cuerpo del toro, y esta bien visto que casi todos los rejonazos en “todo lo alto”, no terminan eficazmente con la vida del ejemplar, ya que el rejón, al entrar así, no hace el mismo daño que la espada, por lo que hemos observado que tirándose “un poco atrás” del hoyo de las agujas es como se puede terminar eficientemente con la lidia, por lo que tendremos que tener esto en cuenta a la hora de valorar la ejecución de la suerte suprema desde el caballo, misma que por el movimiento implícito de caballo, jinete y toro, la hace muy complicada.

Hemos de apuntar también que durante la lidia el sitio donde se clavan los fierros tiene importancia relativa, ya que lo más importante es el planteamiento de la suerte, el sitio de la reunión (al estribo es lo mas indicado), y el salir siempre toreando al animal lo mas cadenciado y lento que se pueda. Obviamente, buscaremos clavar en todo lo alto y trataremos de agrupar los hierros, lo que dará mas belleza a la faena.

Indicaremos también que para poder lograr una faena importante, amen de tener un toro bravo y claro, es imprescindible tener a los caballos muy domados, que siempre estén bajo la disposición del jinete, quien buscara la finura en las ayudas, tratando de hacerlas lo mas imperceptible posible, y buscando el acoplamiento total con su cabalgadura. Para esto, es necesario practicar una equitación de calidad, donde los ejercicios de doma clásica (dressage) son una herramienta fundamental para lograr tenerlos siempre en la mano, por lo que se buscaran los ejercicios de esta disciplina en los entrenamientos, aparte de los ejecutados con la carretilla y el toro manso. Es mediante estos ejercicios que logramos dar al caballo la gimnasia adecuada para poder llegar a terrenos difíciles sin perder el control del caballo y buscando siempre el arte en nuestras evoluciones.

En cuanto a los caballos utilizados para el rejoneo, es menester indicar que como todo en la vida, hay razas más propicias genética y morfológicamente para este disciplina. Hemos de señalar que las razas de temperamento demasiado nervioso y excesivamente sensibles (inglesa, árabe, etc.), y las de temperamento flemático y relativamente poca movilidad (westfalian, hanoveriano, etc.) no son las ideales para el rejoneo, ya por lo nervioso y asustadizo, o por la poca transmisión que logran.

Para esto, contamos con las razas peninsulares (español y lusitano), donde es el Lusitano, caballo criado por siglos para el rejoneo, quien más habilidad, coraje, fuerza, valor, serenidad y corazón demuestra, lo que nos permite llegar a pisar terrenos importantes en la jurisdicción de los toros. Aunado a esto, se prestan mucho para los ejercicios de alta escuela, los cuales siempre son adornos necesarios en la faena del rejoneo, no queriendo decir, sin embargo, que en las otras razas no haya caballos con facultades para el rejoneo, pero siempre la probabilidad de ponerlos a torear es mas pequeña.

Dicho esto, doy por terminado este pequeño articulo de consideraciones personales sobre el rejoneo, esperando que sean de su interés y les pueda servir para apreciar un poco mejor la difícil labor de los toreros de a caballo. Cualquier observación sobre el mismo, será bien recibida, y esperando sus comentarios quedo a sus ordenes.

Carlos Andrade Cazares.
REJONEADOR

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